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Almas Encerradas

Por Manuel Barrera

En esta crónica Manuel nos cuenta un poco sobre su perspectiva de un viaje vacacional a un zoológico.

Me dispongo a asistir a un viaje familiar. Decidimos ir a un centro vacacional que  cuenta con un zoológico. Durante el recorrido pienso en lo interesante que es poder observar la belleza de estos animales, además de poderlos retratar con mi cámara. Pero cuando pienso en las fotografías que realizaré, imagino una reja frente a mí, esa barrera que los separa de la libertad.

Al llegar al lugar me concentré en sus miradas, el atractivo brillo de sus ojos tan sólo reflejaba tristeza. Era difícil concebir que sus vidas se mantendrían siempre tras esas rejas, que simplemente estaban ahí para ser observados por las personas.

¿Cuántos se detienen realmente a pensar lo valioso que es para la tierra cada ser vivo? 

Miraba cómo la gente pasaba de largo cuando algún animal no era lo suficientemente atractivo. Cada jaula contenía un alma que la gente no detallaba más allá de lo llamativo de su aspecto físico, de ese concepto estético que nos crean. Cada animal encierra un sinfín de sentimientos que al igual que él parecen estar encerrados, mientras los transeúntes no parecen sentir la tristeza que atraviesa esas rejas de metal.

Imaginaba vivir por siempre encerrado, sin estar en el lugar al que verdaderamente pertenezco, apartado de mi naturaleza, observando a esas personas con aparatos electrónicos que se acercan por dos segundos a tomarme una foto y siguen el curso de su vida. Cómo si verme encerrado no les atravesara el alma de dolor. Ojalá supieran como anhelo esa libertad que ellos tienen, de la que no se percatan. Creo que quizá han obligado a su alma a estar encerrada.