Cuando la fotografía se convierte en lenguaje del alma
Hay momentos en los que la cámara no solo captura luz, sino también estados del alma. Hay artistas que no hacen imágenes, sino espejos. Una de ellas es Laiyú Moreno Forero, una fotógrafa colombiana cuya obra nos invita a mirar hacia dentro con una honestidad que desarma.
Laiyú no solo fotografía cuerpos, flores o insectos. Fotografía emociones. Su lenguaje visual es profundamente simbólico, surrealista, catártico. En sus imágenes conviven el dolor, la belleza, la enfermedad, la locura, la plenitud. Y lo hace no desde la teoría, sino desde la vivencia. Su arte no es una pose, es una necesidad.
Este artículo es una invitación a explorar su mundo: su historia, su estética, su propuesta y su evolución. Y también, a escuchar la conversación íntima que tuvimos con ella, disponible en YouTube, Spotify y Apple Podcasts.
¿Quién es Laiyú y por qué su obra resuena con tanta fuerza?
Laiyú Moreno es una fotógrafa surrealista que ha hecho del autorretrato una herramienta de exploración y sanación. Desde sus inicios, su trabajo ha estado marcado por un proceso profundo de dolor físico y emocional, atravesado por una enfermedad crónica —la fibromialgia— y por crisis existenciales que la llevaron incluso al internamiento psiquiátrico.
Su obra surge como un grito. Un grito hermoso, pero no por eso menos crudo. “Estoy rota, estoy triste, me siento sola, me siento incluso loca”, nos confesó durante la entrevista. Esa visceralidad, esa sinceridad sin adornos, es lo que convierte su propuesta en algo profundamente humano.
Y lo más potente es cómo transforma ese dolor. En sus autorretratos hay flores, insectos, deformaciones, colores que desaparecen con el tiempo. Lo que empezó como una “poesía al dolor”, evolucionó hacia una estética sin eufemismos, más honesta, cruda y sanadora.
La fotografía surrealista como medio de expresión emocional
El surrealismo en la fotografía no es solo un estilo visual. En el caso de Laiyú, es una necesidad emocional. “Siempre he vivido mucho en mi mente”, nos dice. Lo surreal le permite traer lo que habita en su inconsciente a un plano tangible.
Su obra se convierte así en un lenguaje para lo que no puede decirse con palabras. Habla de desamor con metáforas visuales: “Yo me imagino como un árbol, y llegaron insectos a alimentarse de mi sabia, pero luego se fueron”. No es la imagen típica de una ruptura amorosa, pero todos podemos entenderla y sentirla.
En este tipo de fotografía, la técnica se pone al servicio del simbolismo. Se trata de crear imágenes que no existen en la realidad, pero que representan perfectamente una emoción interna. Colores imposibles, cuerpos deformados, cabellos flotantes, insectos que se integran al rostro… todo eso es parte del universo que crea Laiyú, y que conecta con un espectador que también se ha sentido roto, extraño, desconectado.
Autorretrato y dolor: un viaje hacia lo más íntimo del ser
Hablar de autorretrato en la obra de Laiyú es hablar de autoconocimiento extremo. Su rostro y su cuerpo son, literalmente, el lienzo sobre el que expresa todo su tránsito emocional. “La fotografía siempre ha estado ahí, incluso en mis momentos más oscuros. Era mi manera de contarme lo que estaba pasando”.
Uno de los puntos más impactantes de nuestra conversación fue cuando narró su paso por un hospital psiquiátrico tras un intento de suicidio con medicamentos. De esa experiencia surgieron imágenes poderosas, tomadas en su propio baño, con referencias visuales a la vigilancia, la desconexión mental, la pérdida de identidad.
Su cuerpo aparece deformado, estirado, palidecido. “Empecé a usar cabellos por todos lados, a mostrar moretones, contrastes, líneas rotas”. El autorretrato deja de ser una representación estética para convertirse en una exploración profunda, incluso dolorosa, pero absolutamente necesaria.
El cuerpo como territorio simbólico en la fotografía de Laiyú
Uno de los ejes centrales de su propuesta es el cuerpo como territorio. No como objeto estético, sino como archivo de experiencias, emociones, enfermedad y transformación. “Yo hago desnudos porque quiero mirarme con amor. Así como miro a los insectos con curiosidad, quiero asombrarme de mi cuerpo tal como es”.
No hay retoques para disimular los pliegues, las arrugas, la barriga o los granos. Todo lo contrario: esos detalles se vuelven protagonistas. Son símbolos de un cuerpo que siente, que ha sufrido, que se ha transformado. Son parte de su narrativa.
El cuerpo también es el vehículo de lo simbólico: se convierte en insecto, en flor, en sombra, en raíz. Es un cuerpo que se metamorfosea, que se deforma para hablar, que se muestra sin vergüenza ni pretensiones. Un cuerpo honesto, en proceso, como todos los nuestros.
Insectos, flores y símbolos: la naturaleza como espejo del alma
Una de las marcas visuales más potentes en la obra de Laiyú es su uso de elementos naturales como símbolos. Flores, cigarras, mariposas, cucarachas, cabellos… todo eso está cargado de significado.
Los insectos, por ejemplo, representan sus miedos y sus procesos de transformación. “La cucaracha me daba miedo, pero al observarla detenidamente, vi que era bella. Es como mirarse a uno mismo con detenimiento: puedes encontrar cosas que no te gustan, pero siguen siendo parte de ti”.
Las mariposas representan la metamorfosis, los ciclos. Las flores son al mismo tiempo belleza y fragilidad. Cada símbolo cambia de sentido según su estado emocional. “Si estoy triste, una mariposa me habla de fragilidad. Si estoy feliz, me habla de libertad”.
Este lenguaje simbólico no es universal ni estático. Es personal, evolutivo, íntimo. Y en ese carácter cambiante reside su poder comunicativo.
El tránsito del color a lo visceral: evolución visual de su obra
Una de las transformaciones más evidentes en la fotografía de Laiyú es el paso de lo colorido a lo neutral, de lo simbólicamente bello a lo visceralmente honesto.
“Mis primeras fotos estaban llenas de flores y colores vivos, pero hablaban del dolor. Eran una poesía al dolor. Luego decidí dejar de usar eufemismos visuales y mostrar el dolor tal cual: blanco, frío, roto”.
Ese cambio no fue solo estético, sino profundamente personal. Es un reflejo de su proceso de sanación, de su decisión de dejar de romantizar el sufrimiento y empezar a enfrentarlo con crudeza. Las imágenes se volvieron más desnudas, más lineales, más simbólicamente agresivas.
Este proceso también le permitió desprenderse del dolor como única fuente creativa. “Mi psicóloga me dijo: crea desde otra emoción. Y empecé a hacerlo. Un día fui a un río que me gusta mucho y me hice autorretratos hablando de mi plenitud”.
Fotografía como terapia: narrarse para sanarse
Para Laiyú, la fotografía no fue una terapia planificada, sino una necesidad. “A veces las palabras se quedan cortas”, dice. La cámara se convirtió en un canal para expresar lo que no podía poner en texto. El autorretrato fue su forma de “gritar” lo que sentía.
Ese grito ha tenido diversas fases: la enfermedad, el encierro psiquiátrico, la depresión, la autolesión. Pero también la recuperación, la plenitud, la sanación. Sus imágenes no solo documentan el dolor, sino que lo transmutan. “Hacer fotografía para mí es una forma de soltar. Es una metamorfosis, una catarsis”.
Este enfoque conecta directamente con el concepto de fotografía terapéutica, donde la imagen se convierte en una herramienta para el autoconocimiento, la aceptación y la curación emocional. En su caso, ha sido literal: su cámara ha sido un espejo, un cuaderno de emociones, un espacio de resistencia y transformación.
Más allá del estilo: honestidad radical como propuesta artística
En un mundo obsesionado con el branding personal y los estilos reconocibles, Laiyú ha optado por otra cosa: la honestidad. No busca repetir fórmulas ni consolidar una estética comercial. Busca narrarse desde donde está, desde quien es en cada momento.
“No sé si tengo un estilo, y tampoco lo estoy buscando”, afirma. Esta postura le ha permitido experimentar con múltiples formas: collage, intervención digital, pintura sobre las fotos, insectos reales, maquillaje, desnudos… Todo cabe, siempre que sea honesto.
Esta radicalidad le ha traído dudas también. “A veces pienso que si repitiera las fotos que me dieron premios, podría tener más éxito”, confiesa. Pero ha elegido priorizar lo que siente sobre lo que se espera de ella. Esa fidelidad a sí misma es, quizás, su estilo más claro.
Desmitificando el arte del sufrimiento: crear desde la plenitud también es válido
Un punto clave en su evolución fue darse cuenta de que no solo podía crear desde el dolor. La fotografía también podía hablar de su plenitud, su calma, su disfrute. “Yo no soy la fibromialgia. Puedo narrar otras cosas”.
Y así lo ha hecho. Se ha retratado en ríos, en montañas, en momentos de conexión con la naturaleza y consigo misma. La fotografía deja de ser solo un medio de catarsis y se convierte en una celebración de la vida en todos sus matices.
Este mensaje es crucial: el arte no tiene que ser siempre dramático o desgarrador para ser profundo. La belleza, la serenidad, la alegría también son temas válidos. Y también pueden conmover.
(Artículo recomendado: Las Surrealistas)
Hacer arte desde lo auténtico: el valor de lo imperfecto
La obra de Laiyú es una declaración constante contra los cánones de perfección. Sus imágenes no buscan embellecer, sino revelar. No disimulan los “defectos”, los exaltan. Porque lo imperfecto también es humano, y lo humano es valioso.
Esa honestidad radical también se aplica a su cuerpo. “Yo me hago fotos desnuda donde se me ve la barriga, las arrugas, los pelitos. Y lo hago para mirarme con amor”. Ese amor propio se construye desde la aceptación, no desde el retoque.
Su trabajo es un recordatorio de que la autenticidad es más poderosa que la estética. Que la conexión emocional que genera una imagen imperfecta, pero verdadera, puede ser mucho más fuerte que una imagen pulida pero vacía.
Vivir del arte sin morir en el intento: dilemas de la artista contemporánea
La historia de Laiyú también toca un tema difícil: el sostenimiento económico del arte. Ha trabajado como mesera, ha dado clases de fotografía, ha vendido algunas obras. Pero no ha sido fácil.
“A veces siento que estoy bloqueada económicamente, como si me negara a recibir dinero por algo tan espiritual para mí”, confiesa. Esa tensión entre lo artístico y lo comercial, entre lo espiritual y lo económico, es un dilema constante para muchos creadores.
Y sin embargo, sigue adelante. Sigue creando. “Quizás no vivo de la fotografía, pero vivo gracias a ella. Me ha salvado”. Esa frase resume todo. Porque, aunque el éxito económico no siempre llega rápido, la satisfacción de ser fiel a tu voz sí es inmediata.
🎧 Escucha la entrevista completa a Laiyú Moreno
Disponible en:
- YouTube: Escuchar entrevista completa
- Spotify: Escuchar en Spotify
- Apple Podcasts: Escuchar en Apple