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Esta crónica es el resultado de un proyecto colectivo, donde diferentes fotógrafos y fotógrafas capturaron lo que veían desde su ventana durante la cuarentena. Esperamos la disfruten.

Quédate en casa. Esta es una de las frases que más escucho y leo en mi día a día desde antes que comenzara la cuarentena. Ya llevo dos semanas en casa y estoy comenzando la tercera. La primera fue preventiva, en mi trabajo decidieron que lo mejor era estar en casa, pues las instalaciones no iban a estar abiertas al público y lo mejor era cuidarnos. Esta semana me rindió muchísimo y logré crear una rutina saludable entre ejercicio, trabajo y descanso.

Para cuando comenzó el simulacro preventivo en Bogotá colapsé. Me dio migraña, molestia estomacal y los ánimos se me fueron al suelo. La angustia y el miedo al no saber qué va a pasar más adelante o siquiera cuándo todo va a acabar me desmoronaron. En esta misma semana comencé a ver cómo diferentes sectores sociales y comerciales comenzaron a sufrir. Me vi discutiendo con mi compañero de piso acerca de las implicaciones económicas y sociales del Coronavirus y de cómo esto nos estaba afectando a nosotros que hacemos parte del sector cultural.

Hacia el final de la semana me encontré un poco más reconciliada con la situación y, al mismo tiempo, un poco más animada. Esto me permitió llegar al fin de semana con ganas de participar de las diferentes actividades que podemos encontrar hoy en redes sociales y diferentes plataformas web. Como muchos otros hice parte de la iniciativa de SieteFotógrafos de capturar al mismo tiempo lo que veíamos por nuestra ventana.

Me gustó mucho ver cómo varios de nosotros nos refugiamos en el arte y, más específicamente, en la fotografía. Fue una forma sencilla de conectarme con otras personas y conocer un poco de cómo estaban pasando ellos esta cuarentena. Y puede que sólo sea a través de las ventanas y de lo que podemos ver en ellas, pero cada imagen tenía algo que las hacía únicas y personales, pues cada quien le daba a la imagen su toque personal.

Creo que al final de la historia, toda esta situación nos ha dado la oportunidad de reconectar con nosotros mismos y con los demás. Hemos tenido la ocasión de aprender de los mejores por medio de tertulias y encuentros virtuales. También se nos ha dado el espacio de descansar y compartir con aquellos que amamos. Hemos podido ver lo vulnerable que es nuestro país y cómo es cada día más necesario ser un poco más compasivos con aquellos que no solemos observar en nuestro día a día y que, al final de cuentas, son los que más ayuda necesitan. Igualmente, ha sido un momento clave para aprender a habitar el tiempo de una manera diferente, pues los afanes a los que normalmente nos vemos expuestos parecen dejar de existir por un breve lapso de tiempo.

Hoy, desde mi ventana, continuo preguntándome qué va a pasar mañana cuando todo esto se acabe. Mientras mantengo la esperanza de que algo de toda esta experiencia nos cambie a todos un poquito y podamos comenzar a convivir de una manera diferente nuestra cotidianidad con el otro, con el arte y con el mundo en el que vivimos. 

Ahora les presentamos cómo los participantes de esta experiencia colectiva vivían su cuarentena Desde sus Ventanas: