Mezclando, transmitiendo.

Mezclando, transmitiendo.

por David Rodríguez

Alguna vez tuve a cargo la labor juglar de  poner música en alguna fiesta de 31 de diciembre, fiesta culmen del circuito anual de fiestas familiares,  donde el listado de canciones componía la sesión de éxitos del año.

Quizá este fue mi primer contacto con el oficio de Disck Jockey , pincha discos... ¡Ese! ¡el de la música! Aunque no desarrolle un gusto inmediato por este oficio, creo que luego, como un flasback,  volvió con fuerza y se convirtió en el canal cuando apareció el gusto por la música electrónica.

Aprendí en la vieja escuela: la del vinilo, dos o más tornamesas y un mezclador,  conjunto básico de elementos al que  llamaban “muerto” ya que por lo general  se guardaba en cajas negras o racks, largas y pesadas... un cortejo fúnebre para la desborde de energía y movimiento.  El DJ llevaba los discos en una especie de baúl, una sesión para unas 2 horas, vinilos y maleta podía  llegar a pesar más de 5 kilos (el peso de un buen sonido).  Se disponía  los discos boca arriba para sacarlos más rápido, y colocar el elegido en el plato de la tornamesa, tomar el brazo que sostiene la  aguja y  acostarla en el borde del disco para que recorra cada cada línea de relieve y transforme los surcos en sonidos y  canciones con plenitud sonora (una canción en sonido digital esta comprimida, es una de la razones del porque el sonido en vinilo gana la batalla).

Empatar, mezclar dos canciones se empieza con llenarse de energía al sentir y  entrar en una cabina imaginaria, una burbuja de ritmo, escuchando la canción para llegar a  lograr capturar el compás  de sus bajos,  golpes (beat)  y trasladarlo a la mano, para manipular el vinil con  uno o más  movimientos de vaivén ya acompasados  para lanzarlo como un despegue al ruedo de  la mezcla,  sin dejar de frenar o empujar el vinilo, según dicte el oído, e ir modificando su velocidad hasta que las dos canciones hagan una sola, este es el primer paso para poder crear con mucha destreza y oído un camino de melodías y ritmos.

Escuchar para mezclar me permitió ser más detallista en el gusto y gustar más de los detalles, apreciar con calma las canciones, a valorar un rango de sonidos más amplios, apreciar la orquestación de una salsa, el sabor que logra,  desde la composición y ejecución épica de una melodía en el heavy metal  hasta el acogedor romanticismo de un bolero, el trance que se puede tener escuchando a una orquesta sinfónica y así entender que los sonidos son infinitos y son capaces de mutar en emociones. Otro lenguaje ilimitado.

Puedo decir que mezclar, hacer una sesión, un toque me llevan a encontrar y descubrir nuevas sensaciones, transmitirlas y poder lograr una atmosfera con un recorrido de melodías, de ritmos, de energía para que el cuerpo no se contenga, para que el alma se regocije.

Lo hago y no espero tocar en un club, soy feliz mezclando en casa, con amigos y con Uds, si aceptan mi invitación , si quieren compartir un momento, una sensación musical , una tarde, una noche, mi club siempre estará gustoso de recibirlos, su amistad y buena energía es su boleto de membresía.

 

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